Suena retumba la alarma de las nueve con diez de la
mañana, se detuvo el latido de su
corazón; es que él ya se fue, y
nuevamente quedo durmiendo sola .Darse cuenta que él se va cada mañana, cada
vez que puede y por las madrugadas.
Logra
por pocas veces comprenderlo pero es inútil sus celos la entumecen poco a poco,
ella ya lleva tres meses en una casa de reposo a las afueras de la cuidad, sus
padres no lo saben pero ella sigue fumando marihuana, y tomando
las pastillas del amor eterno.
Me
cuenta la historia como un cuento, creo que ella no logra despertar aun de la
dosis de las 11 de la mañana, la veo, y me acerco con un cigarro a punto de encenderlo, pero
temo su reacción, en verdad me asusta y
no sé cómo reaccionará después de todo.
Préndete este, me alcanza un bate de marihuana, hace
años que no pruebo uno, le digo.
No
jodas no me lo acabaré yo sola – dice Daniela.
Dani,
van a pensar que yo te los doy, otro día no me dejarán entrar.
Solo le
queda reírse – Me mira y me dice: mira a tu alrededor hay cada loco, ni se dan cuenta de lo que
tomo o fumo.
Siempre
supo que él tenía alguna novia, esposa o amante, pero nunca quiso aceptarlo.
Era de esperarse nunca se quedaba a dormir con ella, sus horarios era para ella
solo horarios de vistas en hospitales, solo dos o tres horas, no más.
Después
supo lo de la niña, siempre trato de sobre llevar ese tema, con calma, yo la
comprendía, Fernando también tenía una niña de casi nueve años.
Casi
perdió cuatro kilos, estaba más pálida de lo que solía ser, y más ahora en invierno.
El sol de Palermo siempre le fue bien, pero este frío húmedo de mierda hace que
mis vicios y los de ella florezcan.
Comencé
por preguntarle sobre Fernando, no sabía nada de él; y aunque ella estaba ahí; siempre fue más
amigo de ella, que novio mío. Talvez ella sabía algo de él.
Estuvo
aquí la semana pasada, no se quedó mucho tiempo, me dijo que se iba a Alemania,
que un amigo le había conseguido un puesto en el museo de Frankfurt, que se
llevaba a la niña, y que Sandra ya estaba allá (Sandra era la mamá de la niña).
De todo
lo que me había dicho solo escuche: Sandra ya estaba allá…
Daniela:
- Y que te amaba demasiado como para obligarte a lidiar con todo eso, lo de
Sandra y la niña y también lo otro.
No sé
si fue la marihuana, o lo que me dijo, o era
que no quería recepcionar nada de lo que decía.
Por un
momento pensé que fueron celos, ella alguna vez tuvo algo con él, pero
reaccione y dije por él no es que ella
esta acá es por el publicista, me quede más tranquila al reaccionar de esa manera,
pero era también mi amiga, en ese momento pensé que lo de Fer ya había sanado,
pero era como si me rascara yo misma en una herida abierta como lo solía hacer
de niña, me encantaba ver la sangre brotar de mis piernas, y ver como las
hormigas morían en ella, siempre fui algo masoquista.
No era
ella, era el fantasma de Daniela, no quedaba nada de la dulzura de esa muchacha
de ojos grandes y sonrisa pícara.
No
quise preguntarle por Andrés.
Por
allá casi nada ha cambiado, las mismas caras en las exposiciones las mismas
caretas, los mismos pendejos, las misma putas y cabros, que se resistían a
descubrirse.
Jajaja,
siempre tú y tus sarcasmos.
Me
abrazo muy fuerte, te he extrañado un montón pastru del mal. Cerré los ojos y
quise imaginarla con aquella bufanda enorme, y con esa sonrisa así es como la quería recordar.
Pero la
realidad era otra, abrí los ojos y vi solo el fantasma de Dani, un buzo color
plomo que más parecía color hueso de lo viejo que estaba un polo que era rosado
el color que alguna vez usaba a diario.

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