Teníamos casi la misma edad,
seriamos casi siameses talvez no, pero es bonito soñar.
Alguna vez hablamos de nosotros
en plural, ya no éramos dos, éramos
cuatro o talvez seis, él, yo, mi amor, su amor, el amigo, la amiga, era fuerte
y complicado indeciso y soñador, fuerte y débil, un niño y un hombre. Era una
mujer, una niña, indecisa y temerosa, decidida y complicada; se descubrían
juntos sabían lo que eran cuando uno,
engañados corrían en la búsqueda de aquella estabilidad que sabe el universo si
llegaría, jugaban a veces a ser grandes y a soportar las miradas de esos seres
engañados que Vivian con ellos, las miradas siempre cruzadas y esas voces del
alma que solo ellos descifraban en la calma de sus vidas.
Sabíamos los defecto de uno y
otro lo complicado que sería llegar a un punto de encuentro, lo difícil y
complicado ser uno y a la ves cuatro o seis. Aun no sé si quiera seguir en esto
solo sé que talvez sean seis en uno o
uno en seis, sería mejor que la dupla que soñamos y se convirtió en un sueño en
singular, terminando en una pesadilla de nunca acabar.
Algún alma comenta y piensa en la
remota obsesión; le digo que no, y pienso, que quién más para saber que los
dos.
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