lunes, 29 de agosto de 2011

Aún no lo creo.


Aun no lo creo, no pensé ni imagine que pasaría algo como aquellos sucesos del fin de semana pasado, todo lo que proyectamos es distinto, dificultosos son ahora los hechos.
La vida se pasa como  chorro de agua en el  caño como una gota de lluvia en el desierto se absorbe tan rápido.
Son pocas cosas las que no pude decir nunca, tantas y muchas, una sola frase que inmunda ahora mis sentidos, un te quiero mucho y un abrazo fuerte, más que un apretón de manos, más que un saludo más que: un buenos días, más que un hasta mañana vuelvo, no fueron suficientes.
Un te quiero no mata a nadie, un te quiero, no juzga a nadie, pero sé que sabias lo que eras para mí y para todos, así como te preocupabas por cada detalle de nosotros, así como insistente por hacer las cosas bien, así de ordenado y disciplinado, así te recordaré.
Son perlitas en el cielo las que recorren en mi frente árida, las que cruzan los surcos de mi piel hasta llegar a un fin, son esas pequeñas cosas que tiene la vida para mi, es inevitable lo ocurrido, es confuso hasta para mí, lo es más para el pequeño Adrian, lo niega, y no lo cree Jesús, no pienso en hoy, pienso en ayer, y lo que sucedió, trato de pensar como hubieran sido las cosas si hubiera ido a cenar y a tomar lonche contigo, no somos nada, nada que trasciende en este mundo, pero usted es especialmente maravilloso. 
Ya han pasado dos meses.

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